"Instituto Europeo para el Emprendimiento"

Instituto Europeo para el Emprendimiento

Espacio dedicado a la reflexión sobre el espíritu emprendedor elaborado por los integrantes del Instituto Europeo para el Emprendimiento

Las Quimeras del emprendimiento

Por Francisco Martínez, director general del EIE

En la mitología griega la Quimera era una bestia híbrido entre león, macho cabrío y serpiente que vomitaba fuego por la boca y aterrorizaba a los campesinos de diversos lugares. Belerofonte era hijo de Poseidón y Eurínome y recibió el encargo de matar a Quimera tras despechar a la esposa de un rey griego que se había enamorado de él.

He querido dar contexto mitológico a este post porque después de más de un año interactuando con el mundo del emprendimiento en España creo que he conseguido detectar lo que yo llamo las quimeras del emprendimiento.

En primer lugar, el desconocimiento general sobre lo que realmente implica el reto de hacer algo distinto al resto y hacerlo lo suficientemente en serio para que deje de ser una idea y se convierta en una realidad. Muchos de los emprendedores que se acercan al EIE vienen con ideas interesantes pero no son conscientes de la cantidad de horas y de trabajo que hay que dedicar a esa idea. No son conscientes de las complicaciones que tiene convencer al primer cliente, al primer inversor, al primer trabajador de que el proyecto que tienen entre manos es un proyecto que realmente vale la pena y que hay que apostar por él. Y la gran mayoría de ellos ignoran lo que es una empresa y cómo funciona, las implicaciones legales que tiene la contratación de personal, la contratación con clientes, lo que es una condición general de la contratación o una patente.

En segundo lugar, la quimera de la falta de una adecuada coordinación entre todos los agentes que integran el ecosistema emprendedor. Como Director General del EIE he constatado lo complicado que resulta establecer relaciones dirigidas a hacer más fácil a los emprendedores su día a día. La obsesión por el retorno económico y la minimización del riesgo – parece que en España olvidamos que estamos hablando de start-ups y no de inversiones en bolsa – implica que cualquier línea que se plantea para allanar el camino a los emprendedores sea ignorada. Podría parecer que estoy hablando exclusivamente de los inversores, business angels o VC, pero no, ellos tan sólo son uno de los agentes que integran eso que hemos convenido en llamar ecosistema. En los últimos meses hemos asistido al nacimiento de multitud de aceleradoras corporativas o programas de aceleración impulsados por grandes corporaciones, que tratan de impulsar el emprendimiento con, a mi juicio una doble intención: Obtener un retorno ulterior mediante la capitalización del trabajo realizado por los emprendedores y, en segundo lugar, sumarse a la ‘moda’ del emprendimiento pero desconociendo las verdaderas implicaciones que tiene todo ello.

La labor que hacemos desde las aceleradoras o a través de programas de aceleración es tan sólo un grano de arena si entendemos que cada proyecto necesita de múltiples factores para poder llegar a ser una realidad con recorrido en el tiempo. Sin el resto de elementos necesarios para que esas realidades perduren tan sólo estamos ante algo efímero, una moda pasajera – recuerdo que hace algún tiempo alguien decía que los emprendedores de ahora son los rockeros de los años 80 – que pasará a la posteridad con mayor o menor gloria. Y no, no se trata de una moda. Se trata de que a través del emprendimiento se regenere el maltrecho tejido empresarial de nuestro país, se generen nuevos empleos, se invierta lo necesario en Innovación y Desarrollo y se atraiga capital extranjero para que todo tenga más posibilidades de perdurar y, así, marcar realmente la diferencia.

La Quimera de la falta de coordinación a la que aludía anteriormente supone que estamos más cerca de ser una moda y no algo destinado a perdurar en el tiempo.

En tercer lugar, la Quimera de la falta de una estrategia de emprendimiento a nivel institucional que realmente cale en la sociedad. Las líneas de financiación pública (tardan una eternidad en ser concedidas), numerosas infraestructuras diseminadas por todo el territorio (en su gran mayoría vacías y con un coste altísimo para el ciudadano) y una legislación rácana y proteccionista ponen de manifiesto una improvisación y una falta de coordinación entre las distintas administraciones públicas que hacen que uno se pregunte ¿se puede hacer peor? Y aquí he de reconocer que me consta que la voluntad política de hacer las cosas mejor existe. Sin embargo, la voluntad política en este caso debe ser más ágil cuando se refiere a este tipo de cuestiones.

No he de acabar este post sin mencionar los ‘Belerofontes’ que podrían acabar con las quimeras aquí expuestas.

El primer Belerofonte que precisamos es el de la educación. Y no estoy hablando de complejos grados de emprendimiento o clases de emprendimiento en los colegios – lo que no quita que dejen de ser necesarios – estoy hablando de poner en primera fila a aquellos emprendedores españoles que son un referente para muchos pero no para la gran mayoría de la sociedad. Hay cantidad de ejemplos que parecen silenciados en los medios de comunicación. Poner en primera fila a personas como Javier García, Iñaki Berenguer, Sergio Álvarez, Pedro Moneo, y otros tantos que realmente están cambiando las cosas, no digo en España, sino en el mundo. Dieron un paso hacia delante y están llevando a la realidad sus ideas. Esa tarea se lleva a cabo con mucho cariño por parte de instituciones de peso pero la mayor parte de ellos siguen siendo completos desconocidos para la sociedad española.

El segundo Belerofonte tiene que ver con ser capaces de remar todos en una misma dirección. Las iniciativas privadas que han surgido en materia de emprendimiento están pobremente coordinadas a nivel nacional. Valencia es un oasis en este sentido, o al menos eso parece desde fuera, y en su mayoría estas iniciativas privadas buscan ávidamente la subvención para poder financiarse puesto que todas ellas son deficitarias. Se percibe una falta de voluntad de coordinar esfuerzos por razones que ignoro y que entiendo que sólo perjudican a las personas que están tratando de recorrer un camino distinto. Un elemento integrador, similar al que impulsó el gobierno británico con UKTechCity, tal vez sea una solución que cabría estudiar y plantear de cara a cohesionar a unos agentes que actúan de una forma deslavazada y errática.

Precisamente, este segundo Belerofonte podría tener la suficiente fuerza para derrotar a la tercera quimera. La falta de una estrategia institucional en esta materia obedece a una clara desconexión entre la Administración Pública y todo lo que tiene que ver con el fenómeno de las Start-ups en España. La intención de ayudar existe pero en muchas ocasiones esa ayuda cae en saco roto por una deficiente detección por parte de la Administración de las necesidades de los emprendedores. Precisamente, el segundo Belerofonte al que aludíamos podría tener la capacidad de actuar como vaso comunicante entre la Administración y esas necesidades que tienen los emprendedores de manera que existiera un punto de encuentro donde las demandas y las necesidades de unos y otros se pudieran plantear de manera integrada y coordinada.

Sólo el tiempo y la toma de decisiones por parte de todos los que integramos el fenómeno del emprendimiento determinarán la erradicación de las quimeras aquí descritas o, en su defecto, la proliferación de las mismas y los escasos resultados que en materia de emprendimiento cosecha nuestro país.

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